Implementar una cultura de feedback: un camino hacia la cohesión
Las nuevas generaciones están transformando la manera en que entendemos la comunicación en las empresas. Frente a modelos más tradicionales, donde el feedback podía limitarse a una evaluación anual o a comentarios puntuales, hoy en día los equipos demandan un feedback más constante, bidireccional y cercano. Para muchos profesionales jóvenes, el feedback ya no es un complemento, sino una necesidad: lo entienden como un motor de aprendizaje continuo, una oportunidad de mejorar y, al mismo tiempo, un gesto de reconocimiento y confianza.
En este contexto, construir culturas de feedback se ha convertido en un factor estratégico para las organizaciones que desean mantenerse cohesionadas, motivadas y preparadas para afrontar los retos de un entorno en constante cambio.
El caso de Asprom: construir puentes entre tres unidades
Un ejemplo de ello es el proyecto que estamos desarrollando con ASPROM, una entidad sin ánimo de lucro que trabaja para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual. ASPROM cuenta con tres unidades de trabajo muy diferenciadas: asistencial, orientación laboral y promoción de la autonomía. Aunque cada una funciona de manera independiente, lo hacen como “silos” organizativos, lo que dificulta tener una visión global de la entidad. Fomentar espacios de encuentro y feedback se convierte, por tanto, en una oportunidad clave para que las personas conozcan no solo lo que hacen otros departamentos, sino también cómo funcionan, quiénes los integran y cómo pueden interactuar de manera más fluida como una única organización.
El feedback no se limita a una evaluación anual o a un comentario aislado. Es un hábito que debe cultivarse en el día a día, en espacios diseñados para ello. Cuando las organizaciones facilitan estas oportunidades, se multiplican los beneficios:
- Mejora la comunicación entre equipos.
- Se refuerza el sentimiento de pertenencia.
- Se incrementa la motivación gracias al reconocimiento.
- Se generan aprendizajes colectivos que impulsan la innovación.
En definitiva, una cultura de feedback es un motor de transformación organizacional. No se trata solo de “dar opiniones”, sino de crear relaciones de confianza que permitan crecer juntos.


