La responsabilidad social de la empresa en la anormalidad

La empresa en la nueva normalidad

Hemos participado en interesantísimo webinar organizado por las Facultades de Economía y Turismo de la Universitat de les Illes Balears junto a Eticentre, una asociación de la que formamos parte pymes que compartimos una visión sostenible de la gestión empresarial.

El ponente invitado fue el experto Antonio Vives, un mallorquín afincado en Washington, socio principal de Cumpetere, una consultora en sostenibilidad, y un auténtico referente en la materia en Iberoamérica. 

Vale la pena detenerse en su currículum: es autor, consultor y conferenciante sobre Responsabilidad Social Corporativa, con experiencia en todos los países de Latinoamérica y España. Ex miembro de los Consejos Asesores de Sostenibilidad de varias multinacionales y del Comité Asesor en inversión privada en infraestructura del Gobernador del estado de California. Además ha sido profesor en la Universidad de Stanford, ha impartido un centenar de conferencias internacionales, es autor de decenas de artículos académicos y profesionales en RSE y Finanzas, de centenares de artículos divulgativos, autor de ocho libros sobre RSE y de dos libros sobre finanzas de empresa. Recomendamos seguirle en sus redes sociales y visitar su blog, donde encontraréis las transparencias del webinar.

Los impactos del shock

Antonio Vives inició su presentación compartiendo cuáles han sido los cuatro grandes impactos del shock:

  1. Nos hemos dado cuenta de que las empresas son relevantes, más de lo que creíamos.
  2. Hemos visto que somos vulnerables.
  3. Nos hemos encontrado con la incompetencia de los gobiernos.
  4. Ha emergido la reacción del “yo primero” (tanto en empresas, en personas, como en los propios gobiernos).

Ante estos impactos las empresas reaccionan: 

  • La sostenibilidad financiera es más crítica que nunca: hay que sobrevivir.
  • La reacción es reducir costes, aumentar ingresos, mejorar la productividad.
  • Ha resurgido el inmediatismo y el cortoplacismo.
  • También ha reaparecido el egoísmo.
  • En cuanto al trabajo: hay riesgo de deshumanización, de “uberización”.

El valor de la RSE

En momentos como el actual es importante recordar lo que supone que una empresa apueste por la responsabilidad social. Ya no se trata solo de mitigar los efectos negativos de su actividad sino de expandir los efectos positivos. 

La RSE debe formar parte de la estrategia total. Debe implicar una manera dinámica de gestionar y robusta en valores. Una empresa no debe ser responsables porque le salga rentable (que le sale rentable), sino porque la sociedad lo demanda, y además es lo correcto.

En estos momentos de incertidumbre, la sociedad ha depositado una serie de expectativas muy claras sobre las empresas. Se espera de las empresas que mantengan el empleo, que sean sensibles a las poblaciones más afectadas, que tengan flexibilidad con sus deudores y que, en definitiva, estén a la altura de las circunstancias. Los empleados, en concreto, se han visto dependientes de sus empresas: confían en que éstas les protejan.

Existe el riesgo de que muchas empresas abandonen la senda de la responsabilidad y la visión sostenible y de largo plazo. Indudablemente habrá que priorizar y redireccionar algunas políticas, pero la ética debe ser la constante.

¿Cuál debería ser la tendencia?

  • La persona como centro de actuación; hay que pasar del recurso humano al verdadero capital humano. Así, de la triple acepción de la Responsabilidad Social en cuanto a su vertiente ambiental, social y de gobernanza (ASG), el elemento social (S) será la estrella. 
  • El cliente es el rey.
  • Es el momento de establecer una cultura de empatía, colaboración, honestidad y solidaridad. Dentro de la empresa esto es lo necesario, pues los goles siempre los marca el equipo.
  • Necesitamos más que nunca un ambiente laboral reconfortante, frente al estrés que se vive en la calle, o incluso en casa.
  • Mantenerse resilientes. Mucha flexibilidad y adaptabilidad. Ser eficientes en el uso de los capitales.
  • Desarrollo del personal para que crezca. No podemos dejar al empleado a su suerte sino darle incentivos implícitos y explícitos para que se prepare para el cambio.
  • Siempre habrá greenwashing e irresponsabilidades, pero han crecido las expectativas sobre la RSE: hay mayor sensibilidad.

¿Qué debemos hacer las personas?

Desde el punto de vista individual, es el momento de ejercer nuestro poder como empleados, clientes, votantes, miembros de la sociedad. También de mantenernos leales con las empresas responsables, como clientes y también como empleados: por supuesto que también nos toca hacer mayores esfuerzos en el trabajo.

Es más, debemos reinventarnos profesionalmente pues el mercado se ha reducido. Recordemos que estará más preparado el que tenga más capacidad de adaptación. Hay que aprender a aprender, y ser resilientes.

Conclusiones

En definitiva, podemos afirmar que es un imperativo blindar la empresa en esta situación, manteniendo la consciencia de que la resiliencia tendrá lamentablemente prioridad sobre la responsabilidad.

La incertidumbre conspirará contra el argumento de que la responsabilidad es rentable. Debemos apelar al “hay que hacerlo porque hay que hacerlo”; es nuestra obligación moral.

En definitiva, seamos constantes en nuestros valores: honestidad, persona, equipo.

 

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