Facilitar un Think Tank en Mallorca: el reto de sostener el equilibrio en directo

dinamicas participativas en mallorca

Facilitar supone desplegar un conjunto de habilidades que ayuda a un grupo a avanzar hacia su objetivo. No consiste únicamente en moderar turnos de palabra o vigilar el reloj; es un proceso que exige entender la realidad, evidente o más “subliminal”, de lo que ocurre en la sala y sostener el espacio para que el diálogo, incluso el más polarizado, pueda suceder.

Esto es exactamente lo que vivimos hace unas semanas en Casa Esment, en Palma, de la mano de Goretti Tur y Jorge Serrano, durante la celebración del VII Think Tank del IMEDEA (CSIC-UIB), centrado en un dilema tan sensible para nuestra comunidad como es la conservación y el uso del territorio en Mallorca.

Este ha sido el quinto Think Tank que tenemos el gusto de conceptualizar y facilitar para esta institución, y si algo sabemos es que cada proyecto exige un reinicio: abrir la mirada a un nuevo abordaje y diseñar cada proceso desde cero.

Facilitar un Think Tank en Mallorca con estas características exigía mucho más que conducir una conversación: requería diseñar un espacio donde miradas distintas pudieran encontrarse sin diluir sus diferencias.

Qué implica facilitar un Think Tank con posiciones diversas

Facilitar un Think Tank, especialmente cuando el tema conecta con cuestiones tan sensibles como el territorio, la conservación, el turismo o el futuro de nuestra comunidad, implica mucho más que conducir una sesión.

Significa crear las condiciones para que personas con miradas distintas puedan conversar sin que la diferencia se convierta en bloqueo. En este caso, el grupo reunía a científicos y científicas, gestores públicos, representantes del sector turístico, sociedad civil y otros perfiles vinculados directa o indirectamente al tema central.

Esa diversidad era precisamente uno de los grandes activos del encuentro. Pero también exigía un diseño cuidadoso, porque cuando las posiciones son diversas y el tema despierta implicación emocional, la conversación necesita estructura, intención y un marco de seguridad suficiente para que puedan emerger tanto los acuerdos como las tensiones legítimas.

La facilitación empieza mucho antes del directo

Desde nuestra manera de trabajar, el éxito de una sesión no se improvisa; se construye con tesón en el diseño previo junto al cliente.

En este caso, el proceso siempre ha contado con la estrecha colaboración y cercanía del equipo del IMEDEA, que nos ayudó a entender qué perseguían, en qué momento se encontraba la conversación sobre este asunto y cuáles podían ser las sensibilidades del grupo de asistentes.

Un tema tan controvertido exigía una preparación minuciosa al menos en tres niveles.

Preparación de los facilitadores

El primer nivel fue la preparación de los facilitadores: estudiar el contexto, comprender la conversación previa y prever los posibles puntos de bloqueo que podían aparecer durante la sesión.

Cuando se facilita un debate participativo sobre un tema sensible, no basta con conocer la dinámica. Hay que entender el terreno que se pisa, las posiciones que conviven en la sala y las tensiones que pueden emerger en cualquier momento.

Implicación del cliente en el diseño del Think Tank

El segundo nivel fue la implicación del cliente: co-diseñar los objetivos de la jornada y la logística de asistentes, entendiendo la diversidad como un activo para el encuentro.

En este tipo de procesos, el cliente no solo encarga una sesión. Ayuda a construir las condiciones para que el Think Tank tenga sentido, para que las personas adecuadas estén presentes y para que la conversación pueda generar valor real.

Preparación previa de los asistentes

El tercer nivel fue la preparación de los propios asistentes. Antes de llegar a la sala, activamos su participación a través de un “Muro de preocupaciones” previo, donde compartieron por escrito sus principales inquietudes sobre la gestión de nuestro territorio.

Con todo esto sobre la mesa, estructuramos una agenda robusta y artesanal a la vez, adaptada a lo que pretendíamos y al perfil de los participantes convocados.

Dinámicas participativas para activar la conversación

En procesos de este tipo, la agenda no puede ser únicamente una secuencia de tiempos y actividades. Tiene que funcionar como una arquitectura de conversación.

Por eso, diseñamos una propuesta que permitiera abrir el diálogo de forma progresiva, recoger preocupaciones reales, ordenar perspectivas y generar movimiento dentro del grupo. Las dinámicas participativas no eran un añadido metodológico, sino la forma de hacer posible una conversación compleja sin reducirla a intervenciones aisladas o posiciones cerradas.

Este tipo de trabajo conecta con nuestra experiencia en facilitación de grupos, especialmente cuando el objetivo no es solo escuchar opiniones, sino ayudar a un grupo a pensar mejor, reconocer sus diferencias y avanzar hacia un propósito compartido.

El Muro de preocupaciones

El Muro de preocupaciones permitió que los participantes empezaran a pensar antes de llegar a la sala. No se trataba sólo de recoger ideas, sino de activar una disposición diferente: llegar al encuentro con una primera reflexión hecha y con la conciencia de que las preocupaciones individuales formaban parte de una conversación colectiva.

La línea del equilibrio

A través de la sociometría física, con la dinámica de “La línea del equilibrio”, planteamos dilemas incómodos sobre regulación, límites al turismo o conservación marina. El grupo debía posicionarse corporalmente en una línea según su grado de acuerdo.

Esta dinámica permitió que las diferencias se hicieran visibles, no como una amenaza, sino como material de trabajo para el grupo.

La metodología TRIZ

El guion también incluía un espacio de autocrítica colectiva mediante la metodología TRIZ, una forma de mirar el problema desde una perspectiva poco habitual: imaginar qué tendría que ocurrir para empeorar la situación y, desde ahí, identificar prácticas, inercias o decisiones que conviene evitar.

En este tipo de dinámicas participativas, el objetivo no es evitar la tensión, sino hacerla visible de una forma útil para que el grupo pueda pensar mejor.

Facilitación de debates participativos: la polarización como herramienta

Parte de nuestra labor durante la jornada fue dar un paso al frente para agitar el debate de forma constructiva y en un espacio seguro.

En un territorio tan castigado por la saturación como el mallorquín, las posturas suelen ser rígidas. Por eso, propusimos dinámicas que obligan a los asistentes a moverse de sus zonas de confort, tanto física como mentalmente.

Aquí, nuestro rol como facilitadores no fue el de observadores pasivos, sino el de catalizadores: sembramos preguntas difíciles, cuestionamos los consensos rápidos y visibilizamos las tensiones legítimas de cada postura.

En la facilitación de debates participativos, la polarización no siempre es algo que haya que evitar. A veces, si se trabaja con cuidado, puede convertirse en una herramienta para hacer explícito lo que ya está presente en el grupo y permitir que la conversación avance con más honestidad.

Surfear la agenda al ritmo real del grupo

Una habilidad real de la facilitación se ve en su capacidad de surfear la agenda.

En nuestro caso, aunque contábamos con un guión estructurado, una sesión con un tema tan poliédrico y con participantes tan implicados emocionalmente con el asunto central está viva. El propio grupo contribuye a marcar el camino y el ritmo.

Durante toda una mañana de directo, mantuvimos un pulso precioso entre el plan trazado y la energía real que respiraba la sala.

Saber cuándo soltar las riendas, cuándo profundizar en una conversación técnica y cuándo reconducir el debate para que surjan propuestas posibilistas —en materia de transferencia científica y divulgación para el IMEDEA— es donde reside el valor diferencial del trabajo de un facilitador.

Por eso, facilitar un Think Tank no consiste en llevar al grupo hacia una respuesta prefijada. Consiste en sostener las condiciones para que el grupo pueda pensar con más profundidad, incluso cuando el tema no admite respuestas simples.

El valor de facilitar conversaciones difíciles en Mallorca

Haber cerrado la jornada sin respuestas sencillas, sino con preguntas de mayor calidad, nos confirma la utilidad de este encuentro.

Facilitar un Think Tank no tiene como meta que todos piensen igual; el valor real es lograr que, aun pensando diferente, todos se reconozcan como parte de una misma comunidad comprometida con el futuro de nuestro territorio.

En este sentido, facilitar conversaciones complejas en Mallorca tiene un valor especialmente importante. Porque muchos de los grandes retos que afrontamos como comunidad —territorio, turismo, conservación, vivienda, sostenibilidad o convivencia— necesitan espacios donde las diferencias puedan expresarse sin romper el diálogo.

También por eso este tipo de encuentros se relacionan con otros procesos participativos para construir estrategia, en los que escuchar, ordenar aportaciones y convertir la inteligencia colectiva en decisiones útiles se vuelve imprescindible.

Facilitar un Think Tank sobre un tema tan sensible nos recuerda que no siempre se trata de cerrar respuestas, sino de abrir preguntas de mayor calidad.

Ojalá esta energía tenga su continuidad en otro momento y lugar.